martes, 27 de noviembre de 2012

Emoción

Ahora que José Mª Ávila, responsable del blog Cáceres en ocho días, ha hecho una buena recopilación de vídeos de Youtube relativos a nuestra Semana Santa, le he copiado la idea y os traigo aquí dos vídeos en los cuales vamos a disfrutar de otra parte importantísima de nuestra celebración cofrade: la saeta.
En esta ocasión, la voz de Pedro Peralta -extraordinario, por cierto- será la que nos haga soltar más de una lágrima.
Se trata de dos saetas cantadas en la última edición de Música y Poemas, que organiza la Cofradía del Nazareno durante la Cuaresma en el templo de Santiago, en honor de Ntro. Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de la Misericordia.
El primero de los vídeos contiene una saeta, acompañada de guitarra, a Nuestro Padre Jesús Nazareno.
El segundo, una saeta marchenera a la Virgen de la Misericordia.
Al cante: Pedro Peralta.
Al toque: Perico de la Paula.
Vídeos ofrecidos por el usuario de Youtube "cofradecacereno".
Todo lo que yo escriba ya, está de sobra. Disfrutad de los vídeos, porque el flamenco que vais a escuchar en ellos es una verdadera obra de arte.









lunes, 26 de noviembre de 2012

El Papa, el Belén, la mula y el buey

Vaya la que se ha liado con las palabras del Papa en su libro "La infancia de Jesús", sobre la presencia de la mula y el buey en los nacimientos. Palabras que, como casi siempre, se han tergiversado. Porque una cosa es decir que no había mula ni buey en el pesebre, y otra cosa muy diferente es decir que el Evangelio no los menciona. Para aclararnos un poco, os pongo aquí lo que dice exactamente Benedicto XVI en el libro:




Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales. Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y Nuevo Testamento relacionados entre si, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1, 3: “El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende.”
Peter Stuhlmacher hace notar que probablemente también tuvo un cierto influjo la versión griega de Habacuc 3, 2: “En medio de dos seres vivientes… serás conocido; cuando haya llegado el tiempo aparecerás”. Con los dos seres vivientes se da a entender claramente a los dos querubines sobre la cubierta del Arca de la Alianza que, según el Éxodo (25, 18-20), indican y esconden a la vez la misteriosa presencia de Dios. Así, el pesebre sería de algún modo el Arca de la Alianza, en la que Dios, misteriosamente custodiado, está entre los hombres, y ante la cual ha llegado la hora del conocimiento de Dios para “el buey y el asno”, para la humanidad, compuesta por judíos y gentiles.
En la singular conexión entre Isaías 1,3, Habacuc 3, 2, Éxodo 15, 18-20 y el pesebre, aparecen por tanto los dos animales como un representación de la humanidad, de por sí desprovista de entendimiento, pero que ante el Niño, ante la humilde aparición de Dios en el establo, llega al conocimiento y, en la pobreza de este nacimiento, recibe la epifanía, que ahora enseña a todos a ver. La iconografía cristiana ha captado ya muy pronto este motivo. Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”.


Pues eso, que el Papa no ha dicho lo que dicen que ha dicho. Ha dicho lo que ha dicho.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Libro recomendado

         Ha pasado tiempo desde que salió el libro, y con ello incurro en descortesía con el autor, pero no por eso es tarde para haceros a todos la recomendación de que lo compréis, lo leáis y -sobre todo- lo disfrutéis. Se trata de un libro que me atrevería a calificar de imprescindible para todo cofrade cacereño. Su autor es José María Ávila Román y su título Semana Santa de Cáceres: los años perdidos (1970-1986).


Portada del libro

Pinchando en este enlace tenéis más información sobre el libro.

Aquí debajo os dejo -con el fin de que vayáis abriendo boca y os entren ganas de comprar el libro y de leerlo- el prólogo que escribí a esta obra que hoy os sugiero.

PRÓLOGO DEL LIBRO
 “SEMANA SANTA DE CÁCERES. LOS AÑOS PERDIDOS”

Debo confesar ante el lector que la idea de prologar el libro que tiene entre sus manos me sedujo enormemente desde el principio por varias razones: la primera es muy personal pero no por eso inconfesable, y es que José María Ávila Román, el autor del libro, es un cofrade de raza, de esos que tienen escrito con mayúsculas su nombre en un varal de carga o en el pecho de un traje de capuchón. La segunda es que me hacía mucha ilusión participar de alguna manera en una publicación acerca de nuestra Semana Santa de Cáceres. Y la tercera es que se trata sencillamente de un libro muy recomendable.

El ejemplar que tiene el lector ante sí es un libro de los que a mí me gusta llamar de lectura deliciosa. No pienso destriparle a nadie el libro, ni pretendo que este prólogo sea un resumen del texto, pero sí quiero resaltar varias virtudes que me han enganchado a su lectura:

Se trata, primeramente, de un libro bien escrito. Su prosa es ágil, captando la atención del lector desde el principio. Contado por capítulos, a modo de recuerdos personales, el cofrade –y no cofrade- que lo lea encontrará en él un excelente repaso por los años más difíciles de la historia reciente de nuestra Semana Santa cacereña. Esos años de los que tanto nos han hablado los Hermanos más veteranos y en los que se puso a prueba el ingenio y el aguante de nuestras hermandades.

El autor acude de forma brillante al recurso de contar la historia en primera persona, a modo de anecdotario presencial, con lo que consigue hacer cómoda y entretenida su lectura, que es lo mejor que se puede decir de una obra literaria. Pero este recurso no desprecia en absoluto el rigor histórico, y ello se demuestra en la multitud de referencias que existen en el libro a hechos reales y patentes que nos han contado los cofrades antiguos, y que podemos encontrar en multitud de publicaciones y hemerotecas.

En una época en la que sacar las Procesiones a la calle era toda una heroicidad, nuestro autor se hace presente para contarnos qué sucedía, qué ambiente se respiraba y cómo vivía el Cáceres de los años setenta y ochenta, inmerso en coyunturas históricas, políticas y sociales muy complejas y tensas, todo ello alrededor de la celebración de la Semana Santa, que tanto y tan bien ha reflejado lo que ocurre en la sociedad. Esos héroes que fueron capaces de poner las procesiones en la calle con un número escasísimo de hermanos, y que hoy son ejemplo para nosotros, se verán reflejados perfectamente en este libro.

El texto que el lector tiene ante sí debería convertirse en una lectura obligada para todo buen cofrade. En él podemos descubrir numerosos ejemplos del esfuerzo de muchas personas que fueron capaces de hacer muchas cosas con muy poco. En un momento –el actual- en el que nuestra Semana Santa está cargada de éxitos, en el que mirar hacia atrás –a los que nos han precedido- nos cuesta mucho trabajo por cuanto muchas veces nos invade la vanagloria, es muy bueno y enriquecedor conocer las cosas y las ideas de un pasado nada lejano pero que hoy se nos antoja casi prehistórico, como si nada tuviéramos que ver con él, y al que en ocasiones miramos con desprecio.

Para saber, para conocer, para corregir errores y conservar las virtudes de antes, para disfrutar, para relajarse, para pensar, para entretenerse, para ahondar en nuestras raíces, para conocernos mejor a nosotros mismos, para seguir haciendo Cofradía en el templo y en la calle: “Semana Santa de Cáceres. Los años perdidos”