lunes, 23 de enero de 2012

Líneas delgadas

La Semana Santa, las Cofradías y lo que rodea a todo ello, son en muchas ocasiones un reflejo claro de lo que sucede en la sociedad en general. En realidad cualquier movimiento asociativo de carácter masivo tiende a reflejar, con cierta fidelidad, lo que la sociedad, o al menos una parte sustancial de ella, puede pensar.
Y en la sociedad, en la vida, en las costumbres, en las ideas y en todo, hay determinadas líneas que establecen la frontera entre unas cosas y otras. Generalmente, estas líneas deben trazarse utilizando como sustento un concepto hermoso y a veces maltratado, que es el concepto de “principios”, entendido en su acepción moral. Esas líneas, imaginarias pero no por ello fruto de la arbitrariedad, son muy delgadas en ocasiones. Delgadísimas, diría yo. Pero tampoco hemos de confundir lo delgado con lo difuso. Pueden ser fronteras difusas, que no tienen exactamente un principio y un fin, que se desconoce por dónde transitan, etc. Y pueden ser líneas delgadas, pero claras, es decir, que sean frágiles, que abarquen un caudal de principios muy concreto, pero de forma inequívoca.
Con todo esto quiero llegar a una reflexión muy concreta, y por supuesto nada difusa, en torno a una corriente que ha surgido de un tiempo a esta parte en la Semana Santa de Cáceres. Por supuesto, al igual que el Río Verde, es una corriente subterránea: se sabe que está ahí, todo el mundo se ha dado cuenta de que está empapando los cimientos de determinados edificios, pero nadie dice “yo soy”. Es más, todo el mundo negará pertenecer a ella. Esta corriente tiene por máxima que todo lo que se ha hecho desde tiempos inmemoriales en Cáceres carece de valor alguno. Es más, todo lo tradicional cacereño y todo lo “semanasantero de aquí” no es más que un racimo de catetadas dignas del más solemne desprecio. No exagero, aunque algunos digan que sí. Este desprecio por lo nuestro, nos lleva a mirarnos, en exceso, en otros espejos de fuera, que en algunas zonas están impolutos y conviene reflejarse en ellos, y en otras zonas están llenos de mugre y, como no nos corresponde a nosotros limpiarlos, mejor es sencillamente que las ignoremos. Quiero decir con esto que conviene no tener siempre como referencia lo que hacen otras Semanas Santas del resto de España, porque no siempre son ejemplo. Y me vienen a la cabeza tres casos muy concretos, y sonadísimos, de celebraciones pasionistas cuyos mandatarios la han cagado concienzudamente, y encima con orgullo.
Recuerdo el año pasado cuando la hermandad del Cachorro decidió no llevar su Cristo de la Expiración al Vía Crucis de Madrid, que presidiría el Santo Padre, por no sé qué motivos que no terminaron de explicar, o yo no terminé de creer. El caso es que el comentario generalizado fue que “si el Papa quiere rezarle al Cachorro, que venga a Triana”. Todo un ejemplo de inteligencia, sí señor. Tullida, por supuesto.
Muy cercano también en el tiempo está la elección de Antonio García Barbeito como Pregonero de la Semana Santa de Sevilla. Un pedazo de periodista, ingenioso, agudo, sagaz, inteligente, inspiradísimo y habilísimo, al cual le profeso verdadera admiración. Pero es agnóstico.


Soraya Sáenz de Santamaría,
Vicepresidenta del Gobierno de España.
Fotografía tomada de la web del
Partido Popular de Palencia

Ahora, la Semana Santa de Valladolid ha designado pregonera a la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Buena política es. Buena gobernante, todavía tiene que demostrarlo. Pero hace ostentación de ser poco creyente, y de un modo de vida contrario a las más elementales leyes cristianas. Lo cual no la hace mejor ni peor persona, y solo Dios juzgará si esta mujer obra en conciencia o no, y solo Él tendrá la última palabra. Pero en lo que a los hombres atañe, que es elegirla pregonera, han patinado de lo lindo. No pinta nada siendo pregonera de una de las Semanas Santas más conocidas, fervorosas y espectaculares de España. Valladolid no puede permitirse que su Arzobispo tenga que tirarle públicamente de las orejas por elegir a una pregonera que no merece ejercer tal responsabilidad. Si no es creyente… ¿qué pregón va a dar? ¿de qué va a hablar? Y otra pregunta más: ¿por qué no la eligieron pregonera antes de ser nombrada Vicepresidenta del Gobierno?
Aquí llegamos a la delgada línea que no debe traspasarse. Podemos admitir que la Semana Santa tiene un mucho de folclore, otro tanto de tradición, un pellizco de sentimentalismo y una mijita de ritual ancestral, pero lo que no podemos es negar la mayor: la Semana Santa es, en esencia, un hecho religioso que nace, además, de una fe muy concreta, definida, conocida y pública, que es la Fe Católica. Y lo menos que se puede pedir es que quien vaya a pregonar la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, al menos sea creyente. Esto no quiere decir que ahora a los cofrades tenga que olernos el culo a sacristía, ni que desayunemos incienso migao en el café por las mañanas. Pero ni calvo, ni tres pelucas.
Pues esas son las líneas, delgadas pero definidas, a las que me refería antes.
Hay cosas que no se pueden hacer. Y si hay quien lo hace, no debemos tomar su ejemplo. Por suerte, en Cáceres todavía no hemos llegado a frivolidades de este tipo. No lo estaremos haciendo tan mal entonces, ni seremos tan catetos, mal que le pese a algunos de los nuestros.


lunes, 9 de enero de 2012

Cosinas de Cáceres (II)


Godoy.

María la Mayor. 870 kilos.

Escudo en un esquinazo de la fachada de San Juan.

El Puente de S. Francisco durante su demolición parcial.

Revoloteando ordenadamente en Bujaco.
Escudo en la torre de los Toledo-Moctezuma.

Nuestra Santísima Patrona, entre cúpulas y torres.

La excepcional puesta de sol cacereña.